Cuando vi las imágenes según de un Emilio Azcárraga sin playera, borracho, babeando, hincado
haciendo reverencias y luego unas tomas medio contestando lo que le preguntaban por el juego de
la final de fútbol, no puse mucha atención y pensé que era como un mal
fotomontaje o burlas, de esas que se terminan haciendo memes futboleros para molestar y chingarse
entre aficiones rivales, pero cuando vi que eran publicadas en el muro de
noticias de un medio más seriecito y un poco más creíble (CNN) y que si eran fotos y tomas reales, fue cuando presté atención a leer de qué se trataba y en serio
que está para dar asco.
No es que se trate de la pasión del fútbol, del
furor de remontar una final, ni de ser el equipo odiado por todas las demás
aficiones y equipos, se trata simplemente se no ser de la misma mierda de la
que todos creen, pero ahora con esto, todos comprueban que la representan y al
parecer con un inocente pero muy idiota sentido de pertenencia, la defienden
sin entenderlo.
Como la mayoría de nosotros, únicamente conocemos
en materia de deporte lo de nuestro país y lo de EEUU, pregunto, y pregunto porque
no recuerdo o dudo que haya pasado, que por ejemplo Jerry Jones, dueño de los
Vaqueros de Dallas que son como las Águilas del América, muy queridos y muy
odiados ¿ha dado un espectáculo así cuando ganaron algún Super Tazón?; ¿si Al
Davis de los Raiders pronunció su famoso “Just Win Baby” sin playera mientras
babeaba (o moqueaba) desde la boca hasta el piso?, y ya ni hablemos del
entrenador ¿Alex Ferguson o Guardiola han festejado como Miguel Herrera
cuando fallaba el contrario un penal, o confían más en lo que realmente es
capaz de hacer su equipo? Y que conste, estos personajes lejos de ser figuras
deportivas, son figuras públicas.
El asunto, lejos de ser algo pasional derivado del
deporte, hay que verlo como lo que es, y no como sencillamente un hombre
apasionado o un multimillonario vulnerable como todos, al embrutecimiento de
los estupefacientes, no, es algo más y es para ponerse a pensar.
¿Qué representa el dueño de televisa, en todos los
contextos y en todas las polémicas culturales, empresariales, y sobre todo
políticas que conlleva verlo en ese estado reaccionando de esa forma?, ¿y qué
falta ahora, ver a Peña Nieto ahogado de borracho dando el grito desde Palacio
Nacional solo por el hecho de que se puede?; ¿al rector de la UNAM sin playera
si se coronan los Pumas?, si de por sí la opinión pública no está nada contenta
de que se le hayan condonado recientemente tres mil millones de impuestos a este señor, pues muchos visualizan ésto como una burla a la gente más que como festejo.
Una cosa es que todo mundo tenga derecho a festejar
como se le pegue en gana, cosa que es sana y no daña a nadie, pero a alguien
con más nivel lo imagino tal vez en privado celebrándolo, en un íntimo círculo
entre familiares o amigos en un palco; pero otra cosa y muy diferente es que
como figura pública; como líder de opinión; como alguien que mueve desde hace
años los hilos del país y su rumbo; que quita o pone presidentes; que le dice a
una masa estúpida como es su auditorio cómo, cuándo y a dónde moverse; que si
alguien externo a su “imperio” muestra a alguien de los “suyos” como villanos,
él se encarga con sus medios de volverlo héroe, que dicta cuando le conviene
qué y quién es el bueno o todo lo contrario: eso es lo que insulta, lo que humilla: Que esto es lo que nos gobierna.
Lo que pasó aquí es el reflejo de una realidad que
ya es imposible de tapar y que afortunadamente ni con todo su poderío
empresarial ni con sus medios imperiales pueden ocultar o parar: La bajeza real
de persona que es, del mundo podrido y mierdero del cual viene y que lo vio
crecer y desarrollarse así y del reflejo ya inocultable de lo que toda su
imagen física y mental representa ya para un cada vez mayor grupo de Mexicanos
pensantes: Puritita mierda y nada más.
Ahora reflexiona y pregúntate: Si esto es lo que
nos gobierna, ¿es esto entonces lo que nos merecemos? Yo creo que sí, ¿o a poco
hemos hecho algo por conseguir lo contrario?, porque qué vergüenza da reconocer
que “esto” es lo que nos gobierna.