martes, 12 de abril de 2011

“Clásica mierda nacional”

La mayor parte de la estupidez actual de la sociedad tiene que ver por dos grandes males: La pésima calidad de los programas de televisión que ven y las inútiles (y dañinas a largo plazo) pendejadas que pasan en la familia del individuo en cuestión y que le fueron heredadas de generación en generación.

¿Cuántas veces hemos visto que al niño lo visten a dominguear con su uniforme pirata del Cruz Azul, Chivas o América cuando ni le han preguntado qué equipo le gusta, pero el papá es fanático de “hueso colorado” y quiere que el niño sea jugador profesional para que lo saque de pobre o que realice los sueños del padre porque a él, sus habilidades y aptitudes deportivas se lo negaban? (#mecaequeyanomamen). Pero eso sí, ya invitaron a los vecinos y los primos a la barbacoa y están listos a ver el clásico del fútbol mexicano y creen que es el mejor de América o del mundo.

Este último clásico del fútbol soccer mexicano vuelve a demostrar y reforzar lo que padece el fútbol desde hace décadas y que tanto a los directivos, como a los jugadores, periodistas y sobre todo aficionados fanáticos, les cuesta tanto trabajo aceptar: Que el fútbol mexicano y todo lo que lo rodea, tiene un pésimo nivel, tanto a nivel interno, como mundial. Digamos un nivel tipo #culerito y de pena ajena.

Cada víspera del “clásico” es la misma clásica predicción y la misma clásica vergüenza nacional: Días antes del juego en cuestión siempre es lo mismo: Te anuncian y anuncian y anuncian que se va a abrir un chat donde la gente va a poder dar su opinión y debatir en vivo (eso sí, no saben ni prender la computadora pero ¿quieren que chateen a la mera hora del juego y perdérselo? ¡aja!); Televisa, quien posee a las Chivas y al América y que tiene millones para conseguir un excelente comediante, te vuelve a pasar una mano con ojos vistiendo una estúpida playerita y te hace pensar que es gracioso burlarse de los aficionados, de las mujeres o del equipo perdedor; los reporteros de Televisa y TV Azteca se mojan por pasar el chisme sobre la vida personal de los jugadores o el video de internet de mala (y si se puede, pésima) calidad de las jugadas de la semana (siendo televisoras millonarias); a la hora del partido; el idiota del perro Bermúdez, en su narración (repito: narración, nunca análisis) apoda a todos los jugadores en cada oportunidad y te lanza un anuncio publicitario en cada momento (como cuando el árbitro delimita con un aerosol una línea para el tiro libre); a huevo de los a huevos te van a pasar (por enésima vez) a las pinches momias de Sergio Corona y Manuel “El Loco” según ellos apostando pendejada y media como la cabellera o que el perdedor vista la playera del ganador (si es que primero no se la pasan poniendo tomas de la finura de Cármen Salinas en un palco o la abordan a cada momento a ver si dice alguna frase memorable como sólo ella sabe); días y horas antes del partido, Ricardo Salazar (el viejo mugroso ese que tiene los dientes bien ojetes), te va a inundar de datos pendejos pero sobretodo inútiles del clásico y que no afectan al juego en disputa; te van a pasar las declaraciones de Jorge Vergara (dueño de Chivas) donde pronostica que siempre ganan y hace menos al equipo contrario; van a pasarte a los fanáticos más pinches incómodos a la vista (al parecer se ponen de acuerdo para pasar a los integrantes de las barras más pinches feos, ñeros, groseros y que con trabajos hablan español o pueden lograr cinco segundos de retención de memoria a las preguntas idiotas de quien le toco estar codeándose en el reportaje de color entre sudor de aficionados que obedecen a duchas de manera intermitente, poco o nulo nivel intelectual y de conciencia social, cobardía colectiva, porras copiadas de otros países y pasiones solo alcanzadas por su propia religión); aparte te van a poner datos de cuántos policías se utilizaron para salvaguardar a los aficionados (o las tomas de los que arrestan, de esos que avientan la piedra y esconden la mano mientras hacen señas raras con las manos como si fueran maras salvatruchas pero ni pito de idea tienen lo que significa lo que hacen).

Hablando propiamente del desarrollo y resultado del juego lo mismo: Una pinche demostración de aburrimiento total originada del pésimo nivel futbolístico de 22 pobres diablos que durante 90 minutos se creen dioses, pero a la hora de responder, sólo nos dan la razón (Ejemplos: Memo Ochoa u Omar Arellano).

El juego en si carece de pies y cabeza, no existe un ataque definido, ni una defensa sólida, sólo vean la estatura del autor del primer gol, Erick Torres quien anotó de cabeza y sin brincar (!), o las marcas defensivas de espectadores en primera fila en el segundo y tercero.

Digo, no hay que ser jugador profesional de soccer para saber que están por la calle y se suponen que son jugadores profesionales: Chaparros –menos de 1.70 en promedio-, débiles físicamente –si pesan 60 kilos ya son un lujo, ahora imagínatelos en el gimnasio de hazmerreír con sus mancuernitas soñando con ser campeones del mundo-; con piernitas y bracitos de señoritas –pero se creen que tienen el físico de brasileños pentacampeones del mundo-; sin técnica futbolística o al menos deportiva –pero creen que tienen las aptitudes de los italianos tetracampeones del mundo con la mierda de entrenamientos y la forma mediocre de entrenar y si tienen más de un juego a la semana siempre se excusan de agotamiento o de la altura sobre el nivel del mar-; sin actitud –perdedores, pesimistas y sin ambición de ganar-; siempre quieren engañar al árbitro tirándose y buscando el penal –se revuelcan como si les rompieran las piernas pero cuando no les marcan falta a su favor se paran como si nada y le mientan la madre al árbitro-, son estúpidos, tontitos o con ligero retraso mental –observe detalladamente la mirada y sus atinadísimas respuestas en las entrevistas-; son soberbios –vea como salen como héroes o galanes en las portadas y reportajes del chismógrafo deportivo Récord- y todavía encima de esto, los medios te bombardean para que los idolatres como héroes nacionales y los apoyes incondicionalmente cuando son unos borrachotes y hasta se meten con transexuales y mafiosos. ¡Bravo idiotas!

Estos ejemplos, tanto del equipo y su desempeño en la cancha, como de sus aficionados o todo el ambiente que se genera, desgraciadamente se puede aterrizar en cualquiera de los 18 equipos del fútbol nacional y estar orgulloso de tu fútbol nacional excusándote de que: Así es en México y es la tradición.

Entiendo perfectamente que te guste un equipo, sus colores, que desde niño le vas y los viste por última vez ser campeones (o sea, hace un chingo) pero eso a que estés afuera de los entrenamientos cazando autógrafos, llores cuando pierdan y si vas a ver el juego al estadio hagas desmanes, ya eso da penita ajena. Recuerda que no es lo mismo ser seguidor que ser fanático; porque el seguidor con lo bueno y lo malo apoya, pero el fanático es ciego, no reconoce lo malo, es intolerante y te quiere imponer su idea.

lunes, 4 de abril de 2011

"Fanáticos de ocasión"

La coronación de la selección española de fútbol en el pasado mundial de Sudáfrica 2010 ocasionó la no menos entendible celebración en la Glorieta de la fuente de Cibeles; era de lo más lógico y de esperarse que la comunidad española en México (que por cierto es bastante numerosa y ahora con el campeonato más fanfarrona) estuviera llena de júbilo ante la primera coronación de la furia roja, no tardaron los medios televisivos en pasarnos la “notita de color” y entrevistar al menos pedote, pero lo más penoso del asunto –bastante penoso- era escuchar en las entrevistas a seguidores de la selección española que: Nº 1: Ni son españoles; Nº 2: Creen que el fútbol español sólo es el Barcelona y el Real Madrid; y Nº 3 (y creo la más importante): Quién sabe el porqué andan festejando algo ajeno, haciéndoselo propio hasta el sentimiento.

A lo que voy es: ¿Esos weyes qué pedo, por qué siendo mexicanos festejan hasta el llanto algo que no es de México?; entiendo que se puedan alegrar porque era su equipo favorito para ganar el título o tienen cierta simpatía con uno u otro equipo pero ¿de plano llorar, hablar con acento español y sentirse gachupín? #nomamen, además de que parecen todo menos españoles.

Puntadas como esta sobran y lo peor es que los medios que cubren este tipo de noticias –iba decir “medios especializados” pero de especializados sabemos que no tienen ni puta idea- como fue el caso del “Diario Deportivo” (o chismógrafo deportivo) Récord que antes del último Super Bowl le dieron un espacio entre sus páginas a los miembros integrantes del “Club de Fans” (hazme el chingado favor) de los Pittsburgh Steelers en México –alrededor de 50 sujetos o menos- estaban festejando prematuramente el triunfo de los Acereros en el Ángel de la Independencia como si el equipo 100 % americano tuviera tantita relación con el monumento 100% mexicano (¿por qué, quién sabe ? pero ahí estaban los pobres diablos, por cierto con todo y la pinche la liga de su lado regalándoles los playoffs, perdieron los Steelers contra Green Bay).

Recuerdo desde siempre, que el mexicano tiene la mala y penosísima costumbre de colgarse y subirse al carrito del triunfo del que vaya ganando o sea el campeón del momento.

¿Cuántos fanáticos conoces que le van a los Dallas Cowboys gracias a sus tres campeonatos en los noventas?; ¿cuántos viejas le van al Real Madrid porque se mojan soñando con Cristiano Ronaldo?; ¿cuántos ahora le van al Manchester United porque Javier “Chicharito” Hernández tiene el mejor momento en su carrera pero ni lo fumaban cuando jugaba en Chivas?; ¿A cuántos les gusta Iron Maiden, Metallica, Blink 182, System Of A Down o Caifanes nada más una semana antes de que vengan a tocar al D.F. y en su trabajo ponen sus “rolones” todo el día?; ¿cuántos tienen su chamarra azul metálica de los Los Angeles Dodgers por Fernando Valenzuela? (así ni siquiera ya les quede o les cierren por lo gordo que se puso el angelito); ¿cuántos se formaron en la fila para chuparle las bolas a Michael Jordan? (de donde Enrique Garay de TV Azteca no lo ha aflojado); ¿cuántos compraron su camisa de corredor de autos para pisar a fondo el acelerador de su chevy enchulado sintiéndose mejor que Adrián Fernández?; ¿cuántos se formaron para que les firmaran el póster o se tomaran la foto con las porristas de los San Diego Chargers y ni les gusta el equipo?; ¿cuántos nuevos fanáticos de los New York Jets salieron de la nada por Mark Sánchez o de los Patriotas por Tom Brady?; ¿cuántos jóvenes adultos con sus primeras patas de gallo defendían a capa y espada a Joe Montana?; ¿cuántos ahora toman Jaggermeister o Wyborowa para estar “in”? o a últimas: ¿Cuántos compraron la última caca de moda porque no pueden apagar la televisión?

El fanático de ocasión se agarra del éxito ajeno y lo hace propio, tal vez por la falta de éxitos personales o por la falta de éxitos de los equipos que realmente le gustan pero que no los confiesa por pena al saber que sus equipos tienen años de ser malos o nunca han ganado nada. Por eso, cuando va ganando un equipo o está de moda un grupo, se cuelga de éste, pero al pasar el furor de la moda, se va con el siguiente y así continúa olvidando al anterior a menos que vuelva a hacer algo relevante; lo verdaderamente grave del asunto es que no se identifica con quien o quienes se adjudican su éxito como propio y un día puede ser un New England Patriot y hoy mismo puede ser un Green Bay Packers (hay hasta quienes le van a un equipo porque la novia le va o el papá le van); además de que también se dan a notar y se delatan porque son los primeros que apoyan al equipo en las victorias y los últimos en las derrotas.

Cuando uno es fanático o seguidor, lo es en todo momento y no se anda con pendejadas: Se es fanático más en las malas que en las buenas. Conozco a gente que –no sé por qué pero así es- le va al Necaxa desde siempre, o al Atlante, o a los Buffalo Bills (¡madres!), o a los St. Louis Rams, o a los San Diego Chargers o hasta los Kansas City Chiefs (#WTF); o sea, equipos que tienen décadas de no darle la alegría de algún campeonato a sus fanáticos o nunca se las han dado (o se las darán) pero ellos ahí siguen: Por verdadera convicción y no por conveniencia, aunque también hay de fanáticos a fanáticos, tampoco se trata de ser un nerd y saber hasta lo que comen los jugadores o los artistas: No es lo mismo tener todos los libros de un autor, los discos de un artista o las playeras de un equipo a cambiar la cara de la novia en la foto de la boda por la de Shakira, nombrar a su mascota Ricky (Martin) o tener una orden judicial de no acercarse al artista a menos de 100 metros por acosador.

Por eso, si usted es gustoso de la música, de los libros, del deporte profesional, o de lo que sea, le recomiendo que al menos se preocupe por saber algo aparte del nombre, porque el camión ya va muy lleno de fanáticos de ocasión y luego contesta puras pendejadas en fiestas y reuniones.