La coronación de la selección española de fútbol en el pasado mundial de Sudáfrica 2010 ocasionó la no menos entendible celebración en la Glorieta de la fuente de Cibeles; era de lo más lógico y de esperarse que la comunidad española en México (que por cierto es bastante numerosa y ahora con el campeonato más fanfarrona) estuviera llena de júbilo ante la primera coronación de la furia roja, no tardaron los medios televisivos en pasarnos la “notita de color” y entrevistar al menos pedote, pero lo más penoso del asunto –bastante penoso- era escuchar en las entrevistas a seguidores de la selección española que: Nº 1: Ni son españoles; Nº 2: Creen que el fútbol español sólo es el Barcelona y el Real Madrid; y Nº 3 (y creo la más importante): Quién sabe el porqué andan festejando algo ajeno, haciéndoselo propio hasta el sentimiento.
A lo que voy es: ¿Esos weyes qué pedo, por qué siendo mexicanos festejan hasta el llanto algo que no es de México?; entiendo que se puedan alegrar porque era su equipo favorito para ganar el título o tienen cierta simpatía con uno u otro equipo pero ¿de plano llorar, hablar con acento español y sentirse gachupín? #nomamen, además de que parecen todo menos españoles.
Puntadas como esta sobran y lo peor es que los medios que cubren este tipo de noticias –iba decir “medios especializados” pero de especializados sabemos que no tienen ni puta idea- como fue el caso del “Diario Deportivo” (o chismógrafo deportivo) Récord que antes del último Super Bowl le dieron un espacio entre sus páginas a los miembros integrantes del “Club de Fans” (hazme el chingado favor) de los Pittsburgh Steelers en México –alrededor de 50 sujetos o menos- estaban festejando prematuramente el triunfo de los Acereros en el Ángel de la Independencia como si el equipo 100 % americano tuviera tantita relación con el monumento 100% mexicano (¿por qué, quién sabe ? pero ahí estaban los pobres diablos, por cierto con todo y la pinche la liga de su lado regalándoles los playoffs, perdieron los Steelers contra Green Bay).
Recuerdo desde siempre, que el mexicano tiene la mala y penosísima costumbre de colgarse y subirse al carrito del triunfo del que vaya ganando o sea el campeón del momento.
¿Cuántos fanáticos conoces que le van a los Dallas Cowboys gracias a sus tres campeonatos en los noventas?; ¿cuántos viejas le van al Real Madrid porque se mojan soñando con Cristiano Ronaldo?; ¿cuántos ahora le van al Manchester United porque Javier “Chicharito” Hernández tiene el mejor momento en su carrera pero ni lo fumaban cuando jugaba en Chivas?; ¿A cuántos les gusta Iron Maiden, Metallica, Blink 182, System Of A Down o Caifanes nada más una semana antes de que vengan a tocar al D.F. y en su trabajo ponen sus “rolones” todo el día?; ¿cuántos tienen su chamarra azul metálica de los Los Angeles Dodgers por Fernando Valenzuela? (así ni siquiera ya les quede o les cierren por lo gordo que se puso el angelito); ¿cuántos se formaron en la fila para chuparle las bolas a Michael Jordan? (de donde Enrique Garay de TV Azteca no lo ha aflojado); ¿cuántos compraron su camisa de corredor de autos para pisar a fondo el acelerador de su chevy enchulado sintiéndose mejor que Adrián Fernández?; ¿cuántos se formaron para que les firmaran el póster o se tomaran la foto con las porristas de los San Diego Chargers y ni les gusta el equipo?; ¿cuántos nuevos fanáticos de los New York Jets salieron de la nada por Mark Sánchez o de los Patriotas por Tom Brady?; ¿cuántos jóvenes adultos con sus primeras patas de gallo defendían a capa y espada a Joe Montana?; ¿cuántos ahora toman Jaggermeister o Wyborowa para estar “in”? o a últimas: ¿Cuántos compraron la última caca de moda porque no pueden apagar la televisión?
El fanático de ocasión se agarra del éxito ajeno y lo hace propio, tal vez por la falta de éxitos personales o por la falta de éxitos de los equipos que realmente le gustan pero que no los confiesa por pena al saber que sus equipos tienen años de ser malos o nunca han ganado nada. Por eso, cuando va ganando un equipo o está de moda un grupo, se cuelga de éste, pero al pasar el furor de la moda, se va con el siguiente y así continúa olvidando al anterior a menos que vuelva a hacer algo relevante; lo verdaderamente grave del asunto es que no se identifica con quien o quienes se adjudican su éxito como propio y un día puede ser un New England Patriot y hoy mismo puede ser un Green Bay Packers (hay hasta quienes le van a un equipo porque la novia le va o el papá le van); además de que también se dan a notar y se delatan porque son los primeros que apoyan al equipo en las victorias y los últimos en las derrotas.
Cuando uno es fanático o seguidor, lo es en todo momento y no se anda con pendejadas: Se es fanático más en las malas que en las buenas. Conozco a gente que –no sé por qué pero así es- le va al Necaxa desde siempre, o al Atlante, o a los Buffalo Bills (¡madres!), o a los St. Louis Rams, o a los San Diego Chargers o hasta los Kansas City Chiefs (#WTF); o sea, equipos que tienen décadas de no darle la alegría de algún campeonato a sus fanáticos o nunca se las han dado (o se las darán) pero ellos ahí siguen: Por verdadera convicción y no por conveniencia, aunque también hay de fanáticos a fanáticos, tampoco se trata de ser un nerd y saber hasta lo que comen los jugadores o los artistas: No es lo mismo tener todos los libros de un autor, los discos de un artista o las playeras de un equipo a cambiar la cara de la novia en la foto de la boda por la de Shakira, nombrar a su mascota Ricky (Martin) o tener una orden judicial de no acercarse al artista a menos de 100 metros por acosador.
Por eso, si usted es gustoso de la música, de los libros, del deporte profesional, o de lo que sea, le recomiendo que al menos se preocupe por saber algo aparte del nombre, porque el camión ya va muy lleno de fanáticos de ocasión y luego contesta puras pendejadas en fiestas y reuniones.
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