viernes, 28 de febrero de 2014

"Libro con causa V.1"


El siguiente texto del blog y enlace es únicamente para compartir un libro muy bueno que he escaneado, es sobre del gran monero mexicano Arturo "Kemchs" Dávila y trata de su trabajo del año 2001 titulado "ChiaPaz: Caricaturas Por La Paz", el objetivo de éste libro no es otro que compartir ésta obra de arte sobre el movimiento Zapatista del sureste del país, sin tomar postura hacia ningún lado que no sea el del mejor camino, yendo de la mano con la Paz.

Pueden ver mucho de su gran trabajo en los medios y muestras nacionales en su blog personal en el siguiente enlace:
O pueden ver también su obra al buscarlo en facebook en éste otro enlace:
Finalmente, aquí les dejo el enlace de Google Drive donde pueden descargar en formato PDF el libro (pesa 41.8 megabytes) y, por supuesto, compartirlo con todos y si les gusta tanto como a mi, pues también cómprenlo:

viernes, 31 de enero de 2014

"Cuando tenga(n) la tierra..."

Una de las mejores letras que he redescubierto este 2014 es “Cuando tenga la tierra” de los argentinos Daniel Toro (1941) y Ariel Petrocelli (1937 – 2010) y quien su compatriota Mercedes Sosa (1935 – 2009) hiciera aún más famosa por la forma y el sentimiento con la que la interpretaba. Creo que la canción lejos de ser una obra casi olvidada que rebasa las cuatro décadas, refleja un sentimiento de lucha y solidaridad con quienes son los verdaderos trabajadores y dueños de la tierra, algo hoy en día tan lejano que parece imposible y se torna utópico.

“Cuando tenga la tierra…,
La tendrán los que luchan...:
Los maestros, los hacheros, los obreros…”

¿Cuál es la imagen a inicios de un nuevo año que tiene la población en general sobre los maestros, hacheros y obreros aquí en México y por qué siempre sus luchas sociales son tachadas, desacreditadas, desaprobadas y rechazadas por las poblaciones citadinas que cada vez más piensan que el lugar y la forma en la que viven debe de ser el pensamiento reinante y su intolerancia a quien piensa diferente se vuelve ofensiva?

Es muy difícil abrir los ojos cuando se tiene la necedad (o terquedad) de que nuestro “pequeño mundito” es el centro del mismo y perdemos la sencillez y la honestidad por la envidia y lo banal: Todos los días, si se pone un tantito de esfuerzo, podemos cambiar del ver al observar y del oír al escuchar pero, ¿cuánto interés tenemos apoyar a alguien al grado de convertirlo en acción solidaria?; ¿será que somos casos perdidos en donde si no obtenemos alguna forma de utilidad no nos nacerá ayudar al otro?; ¿somos tan ciegos que no vemos lo que sufren los demás y a quienes dentro de nuestros posibilidades podemos ayudar?

Fácilmente podemos encontrar documentales, por ejemplo, de las consecuencias a la salud de los trabajadores, del daño a la flora, a la fauna, de los impactos negativos en las poblaciones, de la contaminación del agua y los daños irreversibles a sitios arqueológicos o patrimonios cercanos por una mala minería; nos enteramos que a los pobladores cercanos ya no tienen acceso a disfrutar las playas porque ahora son propiedades privadas; aplaudimos el desalojo de manifestantes de causas sociales porque creemos que la calle es exclusivamente para los vehículos y hasta nos enojamos que nos reduzcan espacio para ciclistas, creemos que todas las recientes autodefensas están financiadas por el crimen organizado y nunca nos pusimos a meditar que son personas similares a cualquiera de nosotros que están hartos de ser pisoteados, violados, robados, extorsionados, ultrajados, asesinados… ¿Qué tan solidarios somos, qué tan éticos somos como para ponernos en lugar del otro y analizar qué es lo que hace falta para motivarnos a cambiar de un pulgar levantado en facebook a convertir en praxis las ideas?

“Campesino… cuando tenga la tierra sucederá en el mundo el corazón de mi mundo,
Desde atrás de todo el olvido…
Secaré con mis lágrimas todo el dolor de la lástima y por fin te veré…
Campesino…, campesino…, campesino…, campesino…
Dueño de mirar la noche en que nos acostamos para hacer los hijos…”

Tal vez la ayuda se pueda encontrar en la frase popular “mucho ayuda el que no estorba…” porque si bien no somos para hacer un mínimo de esfuerzo por quien lucha, somos expertos en menospreciar la del otro y como por ende, si tampoco hacemos un mínimo de informarnos correctamente, pues entonces cualquier desinformación repetida constantemente la tomamos como criterio propio para darle la espalda a personas y grupos que piden nuestra ayuda, o de menos que no critiquemos y que esa "ayuda" sea algo tan sencillo como No Estorbar.

Entonces, entendamos que: “Si no ayuda, no estorbe y si no sabe, no opine; porque es mejor quedarse callado y mostrar una honestidad ignorante a gritar y demostrar que es un completo idiota que sabe de todo pero no hace nada”; es algo así como “Hágase a un lado porque ahí vienen los que están cambiando las cosas y no sólo están desde la comodidad de su balcón criticando”. Entonces, si la lucha viene desde lo justo y desde uno, se puede lograr desde lo personal y hasta lo colectivo lo que sea que se proponga y hoy en día vemos cómo se recuperan tierras, comercios, seguridad, tranquilidad y justicia por las propias manos de quienes luchan por ello y lo trabajan: El mismo pueblo, ese legítimo dueño de las cosas que nos está enseñando a recuperar lo que nos pertenece. Nadie dijo que sería fácil.

“Campesino…
Dueño de mirar la noche en que nos acostamos para hacer los hijos…
Campesino…
Cuando tenga la tierra le pondré la luna en el bolsillo y saldré a pasear con los árboles y el silencio...
Y los hombres y las mujeres conmigo…”

Les dejo tres versiones diferentes de la mencionada canción: La primera es la versión original de Daniel Toro de 1972, la segunda es una versión de Mercedes Sosa grabada en las instalaciones de la Casa de Cultura de Cuba en 1974 y la tercera es una versión en vivo a su vuelta del exilio en Argentina y extraída del documental “Como un pájaro libre” de 1983.

Porque a fin de cuentas… ¿quién no quiere celebrar junto con los que piensan acompañado de su propia orquesta de grillos?







lunes, 9 de diciembre de 2013

"Cada quien sus muertos..."

Cada vez que alguien muere, las redes sociales salen a relucir todo tipo de recordatorios, pensamientos, frases, datos y memorias de la persona que ha muerto y aunque las intenciones son buenas y por ahí se dice que el camino al infierno está lleno de ellas, la verdad es que reflejamos en las redes y en nuestras prioridades, nuestras reales necesidades de información, ideales e intereses; la falta de conocimiento y la total desinformación de lo que sucede realmente en el entorno personal nos sigue manteniendo como esa masa maleable que se mueve al antojo de la ignorancia, el desinterés general y la falta de solidaridad.

Nelson Mandela murió hace apenas unos días y todo mundo lo recuerda como el gran sinónimo de lucha por la libertad, otros, copian y pegan frases o fotos con pensamientos sobre el líder sudafricano, y otros, los más, ni siquiera saben lo que significa la palabra “Apartheid” y cuál fue la relación de éste término con el fallecido, ya no hablemos de la situación que lo mantuvo preso, otros líderes sudamericanos que también lucharon por la libertad y fueron asesinados; lo que siente y piensa el pueblo sudafricano de su líder, la influencia hacia el mundo en el ámbito político y el culto y homenaje que se le rindió en vida y ahora en muerte.

Otro ejemplo: La muerte del actor Paul Walker. Las redes sociales enloquecen y lloran por la muerte violenta de una celebridad estadounidense, difícilmente han visto la mayoría de su filmografía o pueden nombrar cinco películas, pero como su muerte ocurrió con un accidente automovilístico y fue famoso desde hace una década por la serie de películas de autos llamada “rápido y furioso” la cual gustó en México en demasía porque aquí también existen muchos fanáticos de los coches e imitan “tunear” sus carros para que sean más rápidos, veloces y llamativos (a nivel muy “piojito furioso”, claro) pues prácticamente se convierte en una tragedia internacional donde también se repostean fotos con pensamientos, logros  y en la mayoría, datos (inútiles) sobre la vida y obra del actor que la televisión aprovecha y llena de noticias sobre su autopsia y películas que lo catapultaron a la fama (por supuesto, las películas dobladas al español para que el auditorio no se esfuerce en nada, como leer subtítulos).

Ambos temas fueron (o son) las principales tendencias de las redes y ambas muertes, son lamentables: La primera, casi esperada por más de un año por el delicado estado de salud propia de un anciano y la otra sorpresiva o inesperada, pero de verdad: ¿Qué necesitan tener los muertos de México para recibir tal solidaridad, apoyo aunque sea moral e interés por parte de sus mismos compatriotas?; ¿por qué no se lloran las muertes de niños a causa de la pobreza con tal intensidad?; ¿por qué no se interesan por los accidentes automovilísticos que también cobran vidas en su propia ciudad?; ¿por qué es propio de burla que López Obrador termine en el hospital por un pre-infarto independientemente de si estamos de acuerdo o no con él, pero nadie sabe ni dice nada cuándo Alonso Lujambio, un día antes de morir por cáncer, tomó protesta como senador y como resultado de su muerte, su viuda y sus hijos reciben desde hace más de un año, pensiones de entre doce y quince mil dólares?; ¿cómo es posible que nos indignen las muertes de otros países más que las propias?; ¿qué palabras, actitudes o posturas merecen las personas que no se interesan para nada por los verdaderos tópicos de interés del país y hasta aplauden y glorifican la muerte de quién les ha escupido la cara por años como un senador?, ¿en qué momento nos convertimos en un pueblo escupido, meado y pateado que besa la mano de quien le pega y no hace nada para cambiar esa condición?

Y encima de todo, seguimos indiferentes con lo que pasa o con lo que sufre el vecino: Si se le roba, si se le asalta o si se le secuestra, el único dedo que movemos es el que activa la cámara del teléfono para grabar el momento y al narrarlo, nos quejarnos de que nadie hace nada como si el que grabara fuera invisible o impotente para detenerlo o hacer algo. Le tenemos miedo a todo: A perder desde un estilo de vida que no nos deja nada hasta la vida misma de la que no hacemos nada; nos aterra la idea de ser el esclavo que se levanta y rompe la correa y parece ser que anhelamos la permanencia de seguir con actitudes apáticas y sumisas.


Se aprueban reformas que madrean al país, se incrementan impuestos, se sube la gasolina, los insumos, la materia prima, se nos excluye en lo laboral, en la salud, en lo cultural, en la libertad de expresión, nos escupen a diario los políticos de todos los colores cuando se les encuentra que se robaron nuestro dinero, se comprueba con estudios serios que se trabaja demasiado y se paga tan poco y encima estamos convencidos de agradecer por eso y nuestra máxima preocupación es el fútbol, los espectáculos, la moda y el nuevo modelo de teléfono. Hemos vivido con la bota en el cuello por décadas, y si alguien se la intenta quitar, quienes están en las mismas condiciones se burlan y lo tildan de inadaptado y quieren convencerlo de que así tienen que ser las cosas, de que así han sido siempre y que uno es muy pequeño para cambiar algo; entonces ¿a quién le lloras Mexicano?; ¿qué nombre trae pintada la veladora que prendes?; da coraje saber y comprobar que somos un país que no está dispuesto a morir por nada y que la causa de nuestros llantos vienen de afuera, reflexiona y piensa: Si sabes o tienes una idea de qué pasa en realidad, ¿a qué muerto lloras?