El siguiente texto del blog y enlace es únicamente para compartir un libro muy bueno que he escaneado, es sobre del gran monero mexicano Arturo "Kemchs" Dávila y trata de su trabajo del año 2001 titulado "ChiaPaz: Caricaturas Por La Paz", el objetivo de éste libro no es otro que compartir ésta obra de arte sobre el movimiento Zapatista del sureste del país, sin tomar postura hacia ningún lado que no sea el del mejor camino, yendo de la mano con la Paz.
Pueden ver mucho de su gran trabajo en los medios y muestras nacionales en su blog personal en el siguiente enlace:
Finalmente, aquí les dejo el enlace de Google Drive donde pueden descargar en formato PDF el libro (pesa 41.8 megabytes) y, por supuesto, compartirlo con todos y si les gusta tanto como a mi, pues también cómprenlo:
Una de las mejores letras que he redescubierto este 2014 es “Cuando
tenga la tierra” de los argentinos Daniel Toro (1941) y Ariel
Petrocelli (1937 – 2010) y quien su compatriota Mercedes Sosa (1935 – 2009)
hiciera aún más famosa por la forma y el sentimiento con la que la
interpretaba. Creo que la canción lejos de ser una obra casi olvidada que
rebasa las cuatro décadas, refleja un sentimiento de lucha y solidaridad con
quienes son los verdaderos trabajadores y dueños de la tierra, algo hoy en día tan lejano
que parece imposible y se torna utópico.
“Cuando tenga la tierra…,
La tendrán los que luchan...:
Los maestros, los
hacheros, los obreros…”
¿Cuál es la imagen a inicios de un nuevo año que tiene la población en
general sobre los maestros, hacheros y obreros aquí en México y por qué siempre
sus luchas sociales son tachadas, desacreditadas, desaprobadas y rechazadas por
las poblaciones citadinas que cada vez más piensan que el lugar y la
forma en la que viven debe de ser el pensamiento reinante y su intolerancia a
quien piensa diferente se vuelve ofensiva?
Es muy difícil abrir los ojos cuando se tiene la necedad (o terquedad) de que nuestro “pequeño
mundito” es el centro del mismo y perdemos la sencillez y la honestidad por la envidia y lo banal: Todos
los días, si se pone un tantito de esfuerzo, podemos cambiar del ver al
observar y del oír al escuchar pero, ¿cuánto interés tenemos apoyar a alguien al
grado de convertirlo en acción solidaria?; ¿será que somos casos perdidos en
donde si no obtenemos alguna forma de utilidad no nos nacerá ayudar al otro?; ¿somos
tan ciegos que no vemos lo que sufren los demás y a quienes dentro de nuestros
posibilidades podemos ayudar?
Fácilmente podemos encontrar documentales, por ejemplo, de las
consecuencias a la salud de los trabajadores, del daño a la flora, a la fauna, de los impactos negativos en las
poblaciones, de la contaminación del agua y los daños irreversibles a sitios arqueológicos o patrimonios
cercanos por una mala minería; nos enteramos que a los pobladores cercanos ya
no tienen acceso a disfrutar las playas porque ahora son propiedades privadas;
aplaudimos el desalojo de manifestantes de causas sociales porque creemos que
la calle es exclusivamente para los vehículos y hasta nos enojamos que nos
reduzcan espacio para ciclistas, creemos que todas las recientes autodefensas
están financiadas por el crimen organizado y nunca nos pusimos a meditar que
son personas similares a cualquiera de nosotros que están hartos de ser pisoteados, violados, robados, extorsionados,
ultrajados, asesinados… ¿Qué tan solidarios somos, qué tan éticos somos como para
ponernos en lugar del otro y analizar qué es lo que hace falta para motivarnos a cambiar
de un pulgar levantado en facebook a convertir en praxis las ideas?
“Campesino… cuando tenga la tierra sucederá en el mundo el corazón de mi
mundo,
Desde atrás de todo el olvido…
Secaré con mis lágrimas todo el dolor de la lástima y por fin te veré…
Campesino…, campesino…, campesino…, campesino…
Dueño de mirar la noche en que nos acostamos para hacer los hijos…”
Tal vez la ayuda se pueda encontrar en la frase popular “mucho ayuda el que
no estorba…” porque si bien no somos para hacer un mínimo de esfuerzo por quien
lucha, somos expertos en menospreciar la del otro y como por ende, si tampoco
hacemos un mínimo de informarnos correctamente, pues entonces cualquier desinformación
repetida constantemente la tomamos como criterio propio para darle la espalda a
personas y grupos que piden nuestra ayuda, o de menos que no critiquemos y que esa "ayuda" sea algo tan
sencillo como No Estorbar.
Entonces, entendamos que: “Si no ayuda, no estorbe y si no sabe, no opine;
porque es mejor quedarse callado y mostrar una honestidad ignorante a gritar y
demostrar que es un completo idiota que sabe de todo pero no hace nada”; es
algo así como “Hágase a un lado porque ahí vienen los que están cambiando las
cosas y no sólo están desde la comodidad de su balcón criticando”. Entonces, si
la lucha viene desde lo justo y desde uno, se puede lograr desde lo personal y
hasta lo colectivo lo que sea que se proponga y hoy en día vemos cómo se
recuperan tierras, comercios, seguridad, tranquilidad y justicia por las propias
manos de quienes luchan por ello y lo trabajan: El mismo pueblo, ese legítimo
dueño de las cosas que nos está enseñando a recuperar lo que nos pertenece.
Nadie dijo que sería fácil.
“Campesino…
Dueño de mirar la noche en que nos acostamos para hacer los
hijos…
Campesino…
Cuando tenga la tierra le pondré la luna en el bolsillo y
saldré a pasear con los árboles y el silencio...
Y los hombres y las mujeres conmigo…”
Les dejo tres versiones diferentes de la mencionada canción: La primera es
la versión original de Daniel Toro de 1972, la segunda es una versión de
Mercedes Sosa grabada en las instalaciones de la Casa de Cultura de Cuba en
1974 y la tercera es una versión en vivo a su vuelta del exilio en Argentina y extraída
del documental “Como un pájaro libre” de 1983.
Porque a fin de cuentas… ¿quién no quiere celebrar junto con los que piensan acompañado de su propia orquesta de grillos?
Cada vez que alguien muere, las redes sociales salen a relucir todo tipo de
recordatorios, pensamientos, frases, datos y memorias de la persona que ha
muerto y aunque las intenciones son buenas y por ahí se dice que el camino al
infierno está lleno de ellas, la verdad es que reflejamos en las redes y en
nuestras prioridades, nuestras reales necesidades de información, ideales e intereses;
la falta de conocimiento y la total desinformación de lo que sucede realmente
en el entorno personal nos sigue manteniendo como esa masa maleable que se
mueve al antojo de la ignorancia, el desinterés general y la falta de
solidaridad.
Nelson Mandela murió hace apenas unos días y todo mundo lo recuerda como el
gran sinónimo de lucha por la libertad, otros, copian y pegan frases o fotos
con pensamientos sobre el líder sudafricano, y otros, los más, ni siquiera
saben lo que significa la palabra “Apartheid” y cuál fue la relación de éste
término con el fallecido, ya no hablemos de la situación que lo mantuvo preso, otros
líderes sudamericanos que también lucharon por la libertad y fueron asesinados;
lo que siente y piensa el pueblo sudafricano de su líder, la influencia hacia
el mundo en el ámbito político y el culto y homenaje que se le rindió en
vida y ahora en muerte.
Otro ejemplo: La muerte del actor Paul Walker. Las redes sociales
enloquecen y lloran por la muerte violenta de una celebridad estadounidense,
difícilmente han visto la mayoría de su filmografía o pueden nombrar cinco
películas, pero como su muerte ocurrió con un accidente automovilístico y fue
famoso desde hace una década por la serie de películas de autos llamada “rápido
y furioso” la cual gustó en México en demasía porque aquí también existen
muchos fanáticos de los coches e imitan “tunear” sus carros para que sean más
rápidos, veloces y llamativos (a nivel muy “piojito furioso”, claro) pues
prácticamente se convierte en una tragedia internacional donde también se
repostean fotos con pensamientos, logros
y en la mayoría, datos (inútiles) sobre la vida y obra del actor que la
televisión aprovecha y llena de noticias sobre su autopsia y películas que lo
catapultaron a la fama (por supuesto, las películas dobladas al español para
que el auditorio no se esfuerce en nada, como leer subtítulos).
Ambos temas fueron (o son) las principales tendencias de las redes y ambas
muertes, son lamentables: La primera, casi esperada por más de un año por el
delicado estado de salud propia de un anciano y la otra sorpresiva o inesperada,
pero de verdad: ¿Qué necesitan tener los muertos de México para recibir tal solidaridad,
apoyo aunque sea moral e interés por parte de sus mismos compatriotas?; ¿por
qué no se lloran las muertes de niños a causa de la pobreza con tal
intensidad?; ¿por qué no se interesan por los accidentes automovilísticos que
también cobran vidas en su propia ciudad?; ¿por qué es propio de burla que
López Obrador termine en el hospital por un pre-infarto independientemente de
si estamos de acuerdo o no con él, pero nadie sabe ni dice nada cuándo Alonso Lujambio,
un día antes de morir por cáncer, tomó protesta como senador y como resultado
de su muerte, su viuda y sus hijos reciben desde hace más de un año, pensiones
de entre doce y quince mil dólares?; ¿cómo es posible que nos indignen las
muertes de otros países más que las propias?; ¿qué palabras, actitudes o
posturas merecen las personas que no se interesan para nada por los verdaderos
tópicos de interés del país y hasta aplauden y glorifican la muerte de quién
les ha escupido la cara por años como un senador?, ¿en qué momento nos
convertimos en un pueblo escupido, meado y pateado que besa la mano de quien le
pega y no hace nada para cambiar esa condición?
Y encima de todo, seguimos indiferentes con lo que pasa o con lo que sufre
el vecino: Si se le roba, si se le asalta o si se le secuestra, el único dedo
que movemos es el que activa la cámara del teléfono para grabar el momento y al
narrarlo, nos quejarnos de que nadie hace nada como si el que grabara fuera
invisible o impotente para detenerlo o hacer algo. Le tenemos miedo a todo: A
perder desde un estilo de vida que no nos deja nada hasta la vida misma de la que
no hacemos nada; nos aterra la idea de ser el esclavo que se levanta y rompe la
correa y parece ser que anhelamos la permanencia de seguir con actitudes
apáticas y sumisas.
Se aprueban reformas que madrean al país, se incrementan impuestos, se sube
la gasolina, los insumos, la materia prima, se nos excluye en lo laboral, en la
salud, en lo cultural, en la libertad de expresión, nos escupen a diario los
políticos de todos los colores cuando se les encuentra que se robaron nuestro
dinero, se comprueba con estudios serios que se trabaja demasiado y se paga tan
poco y encima estamos convencidos de agradecer por eso y nuestra máxima
preocupación es el fútbol, los espectáculos, la moda y el nuevo modelo de
teléfono. Hemos vivido con la bota en el cuello por décadas, y si alguien se la
intenta quitar, quienes están en las mismas condiciones se burlan y lo tildan
de inadaptado y quieren convencerlo de que así tienen que ser las cosas, de que
así han sido siempre y que uno es muy pequeño para cambiar algo; entonces ¿a
quién le lloras Mexicano?; ¿qué nombre trae pintada la veladora que prendes?;
da coraje saber y comprobar que somos un país que no está dispuesto a morir por
nada y que la causa de nuestros llantos vienen de afuera, reflexiona y piensa: Si
sabes o tienes una idea de qué pasa en realidad, ¿a qué muerto lloras?