miércoles, 1 de febrero de 2012

El arte de hacernos pendejos


La historia es ya conocida, agarran a trabajadores del Gobierno del Estado de Veracruz con 25 mdp que para pagarle a una empresa lo relacionado a trabajos por el Carnaval de Veracruz, la fiesta de la Candelaria y la Cumbre Tajín; que según era el primero de tres pagos; que siempre no y que era el pago completo y acordado (omito nombres, cargos o fechas exactas porque le puedes poner el sexenio, nombres de servidores públicos, entidad federativa y año que quieras, eso no importa); que por qué el dinero en efectivo; si es más rápido una transferencia bancaria en línea que llevarlo personalmente y que argumentan que “les ganaron las prisas” (ha de ser más rápido ir de Veracruz a Toluca en avión que lo que se tarde una transferencia por internet); nada aclarado más que la burla hacia las personas que lo más que logran es ingeniárselas para hacer “hashtags” en twitter o chistes copy-paste en facebook o alguna otra “monería y caricatura” en redes sociales o publicaciones donde nos reímos de nuestra desgracia y hasta creemos que es parte de nuestra mexicanidad y nunca va a cambiar.

Todos reprobamos el hecho, ya que no hay nada hasta el momento que indique o que no se están robando el dinero del erario o que no terminará en la campaña de Enrique Peña Nieto (que es lo mismo que robado) o que termine ilegalmente en el bolsillo de quién sabe quién; no hay nada que no nos haga pensar mal en este país donde si piensas mal aciertas por desgracia nueve de cada diez.

Así han pasado en las noticias (maquilladas y acomodadas al gusto de los poderosos) por docenas de años y temas diferentes: Nos indignamos porque matan indígenas o estudiantes; porque se suicidan o no se suicidan por falta de alimento los Tarahumaras en Chihuahua; que la niña Paulette estaba escondidita en la cama y eso que buscaron peritos expertísimos y ni la vieron (¿si te acuerdas de eso verdad?); que todos los años se desborda el río de los Remedios en el Estado de México; que quemaron inocentes en el Casino Royale en Monterrey o acribillaron indocumentados centro y sudamericanos en Tamaulipas, obra de algún cártel de narcotraficantes; que cada año pasan en las noticias que vivimos la peor sequía en los campos del país en décadas; que subieron otros centavos en los gasolinazos; que el sector turístico está sufriendo y que viajemos y gastemos o que necesitamos reactivar la economía (gastando nuevamente) en los ahora mal-adoptados “Buen Fin” donde hasta te adelantan el aguinaldo; que el dinero que tanto necesitan los pobres o programas sociales se reflejarán en la calles este 2012 de inútil propaganda presidencial hasta cansarnos la vista; que el poder adquisitivo no se recupera; que el dólar sube mucho y rápido y baja poco y muy despacio contra el peso; eso y más en un país donde todo lo malo es y seguirá siendo posible porque nadie hace nada aunque se burlen de nosotros en nuestras narices y vendan el país al mejor postor, pero ¿qué hacemos al respecto?, si únicamente nos quejamos sin lograr una acción de verdadero cambio (que se vea y no sea sólo una buena intención o idea), entonces no tendrá nada de raro que al otro día pase otro atropello y nos terminemos acostumbrando a vivir con esas noticias diario y también a vivir esquivando ser el desgraciado.

Honestamente yo creo que marchar no es la solución, porque de mil marchas, creo que si solucionan (y a medias) lo de una sola, es demasiado; además de que la mala organización y los intereses personales de los dirigentes pone en contra de las marchas a la opinión pública en lugar de que uno simpatice con su causa. Tampoco creo que esperar a quienes deben de cambiar y hacer justicia lo hagan (jueces, ministerios públicos, policías, judiciales, patrones); ya que están tan corrompidos que es imposible que de algo podrido salga algo bueno. Pero por desgracia hay quienes tienen fe ciega y esperanza de sus autoridades o de que las cosas si van a cambiar, o peor, se creen las promesas de campaña. En fin, no hay más ciego que el que no quiere ver.

En este país pasan todo tipo de atropellos, algunos que ni imaginamos o ni nos enteramos y todo por la sencilla razón de que elegimos no hacer nada. Pasan todo tipo de burlas en nuestra cara, con todo el descaro, despilfarro y cinismo posible y el pueblo solo se queja y siempre tiene pretextos solo para quejarse pero no hacer nada, porque elige no hacer nada. Es como el dicho, “Dios aprieta pero no ahorca” y es lo mismo “El Gobierno aprieta pero no ahorca” o “te jode pero no te mata” y menos si nunca tenemos la intención de hacer algo porque no creemos ser los agentes del cambio. Yo no sé para qué nos quejamos de que se burlen de uno si nuestras inconformidades no pasan del habla a la acción; y no necesariamente tiene que ser en algo tan grande que necesite la movilización de una masa, sino algo desde nuestro entorno, desde nuestra casa o trabajo, o nuestra vida cotidiana. No somos capaces de quitar un gobernador o un presidente (y menos quitarlo sin violencia) ya que no somos siquiera capaces de organizarnos sin que todos caigamos en el protagonismo o interés personal (resultado también del gobierno que ha logrado mantenernos desunidos, distantes, dudosos y temerosos entre nosotros).

Por desgracia, somos los consumidores número uno del mundo de arte para hacernos pendejos y no tenemos la más mínima intención siquiera de decidir dejar de serlo, lejos estamos de ser un México organizado que destituya a un secretario corrupto o encarcele ex presidentes que lo ameriten y dejemos de permitir que otros (nacionales o extranjeros) pudran lo poco que quede porque el arte de hacernos pendejos es todo ese tipo de manifestación negativa en lo político, social, económico, religioso, laboral, cultural, escolar, ambiental, familiar pero sobretodo: PERSONAL que queremos solucionar pero que dejamos para después y que queremos que otro lo solucione por mí.

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