viernes, 31 de enero de 2014

"Cuando tenga(n) la tierra..."

Una de las mejores letras que he redescubierto este 2014 es “Cuando tenga la tierra” de los argentinos Daniel Toro (1941) y Ariel Petrocelli (1937 – 2010) y quien su compatriota Mercedes Sosa (1935 – 2009) hiciera aún más famosa por la forma y el sentimiento con la que la interpretaba. Creo que la canción lejos de ser una obra casi olvidada que rebasa las cuatro décadas, refleja un sentimiento de lucha y solidaridad con quienes son los verdaderos trabajadores y dueños de la tierra, algo hoy en día tan lejano que parece imposible y se torna utópico.

“Cuando tenga la tierra…,
La tendrán los que luchan...:
Los maestros, los hacheros, los obreros…”

¿Cuál es la imagen a inicios de un nuevo año que tiene la población en general sobre los maestros, hacheros y obreros aquí en México y por qué siempre sus luchas sociales son tachadas, desacreditadas, desaprobadas y rechazadas por las poblaciones citadinas que cada vez más piensan que el lugar y la forma en la que viven debe de ser el pensamiento reinante y su intolerancia a quien piensa diferente se vuelve ofensiva?

Es muy difícil abrir los ojos cuando se tiene la necedad (o terquedad) de que nuestro “pequeño mundito” es el centro del mismo y perdemos la sencillez y la honestidad por la envidia y lo banal: Todos los días, si se pone un tantito de esfuerzo, podemos cambiar del ver al observar y del oír al escuchar pero, ¿cuánto interés tenemos apoyar a alguien al grado de convertirlo en acción solidaria?; ¿será que somos casos perdidos en donde si no obtenemos alguna forma de utilidad no nos nacerá ayudar al otro?; ¿somos tan ciegos que no vemos lo que sufren los demás y a quienes dentro de nuestros posibilidades podemos ayudar?

Fácilmente podemos encontrar documentales, por ejemplo, de las consecuencias a la salud de los trabajadores, del daño a la flora, a la fauna, de los impactos negativos en las poblaciones, de la contaminación del agua y los daños irreversibles a sitios arqueológicos o patrimonios cercanos por una mala minería; nos enteramos que a los pobladores cercanos ya no tienen acceso a disfrutar las playas porque ahora son propiedades privadas; aplaudimos el desalojo de manifestantes de causas sociales porque creemos que la calle es exclusivamente para los vehículos y hasta nos enojamos que nos reduzcan espacio para ciclistas, creemos que todas las recientes autodefensas están financiadas por el crimen organizado y nunca nos pusimos a meditar que son personas similares a cualquiera de nosotros que están hartos de ser pisoteados, violados, robados, extorsionados, ultrajados, asesinados… ¿Qué tan solidarios somos, qué tan éticos somos como para ponernos en lugar del otro y analizar qué es lo que hace falta para motivarnos a cambiar de un pulgar levantado en facebook a convertir en praxis las ideas?

“Campesino… cuando tenga la tierra sucederá en el mundo el corazón de mi mundo,
Desde atrás de todo el olvido…
Secaré con mis lágrimas todo el dolor de la lástima y por fin te veré…
Campesino…, campesino…, campesino…, campesino…
Dueño de mirar la noche en que nos acostamos para hacer los hijos…”

Tal vez la ayuda se pueda encontrar en la frase popular “mucho ayuda el que no estorba…” porque si bien no somos para hacer un mínimo de esfuerzo por quien lucha, somos expertos en menospreciar la del otro y como por ende, si tampoco hacemos un mínimo de informarnos correctamente, pues entonces cualquier desinformación repetida constantemente la tomamos como criterio propio para darle la espalda a personas y grupos que piden nuestra ayuda, o de menos que no critiquemos y que esa "ayuda" sea algo tan sencillo como No Estorbar.

Entonces, entendamos que: “Si no ayuda, no estorbe y si no sabe, no opine; porque es mejor quedarse callado y mostrar una honestidad ignorante a gritar y demostrar que es un completo idiota que sabe de todo pero no hace nada”; es algo así como “Hágase a un lado porque ahí vienen los que están cambiando las cosas y no sólo están desde la comodidad de su balcón criticando”. Entonces, si la lucha viene desde lo justo y desde uno, se puede lograr desde lo personal y hasta lo colectivo lo que sea que se proponga y hoy en día vemos cómo se recuperan tierras, comercios, seguridad, tranquilidad y justicia por las propias manos de quienes luchan por ello y lo trabajan: El mismo pueblo, ese legítimo dueño de las cosas que nos está enseñando a recuperar lo que nos pertenece. Nadie dijo que sería fácil.

“Campesino…
Dueño de mirar la noche en que nos acostamos para hacer los hijos…
Campesino…
Cuando tenga la tierra le pondré la luna en el bolsillo y saldré a pasear con los árboles y el silencio...
Y los hombres y las mujeres conmigo…”

Les dejo tres versiones diferentes de la mencionada canción: La primera es la versión original de Daniel Toro de 1972, la segunda es una versión de Mercedes Sosa grabada en las instalaciones de la Casa de Cultura de Cuba en 1974 y la tercera es una versión en vivo a su vuelta del exilio en Argentina y extraída del documental “Como un pájaro libre” de 1983.

Porque a fin de cuentas… ¿quién no quiere celebrar junto con los que piensan acompañado de su propia orquesta de grillos?







lunes, 9 de diciembre de 2013

"Cada quien sus muertos..."

Cada vez que alguien muere, las redes sociales salen a relucir todo tipo de recordatorios, pensamientos, frases, datos y memorias de la persona que ha muerto y aunque las intenciones son buenas y por ahí se dice que el camino al infierno está lleno de ellas, la verdad es que reflejamos en las redes y en nuestras prioridades, nuestras reales necesidades de información, ideales e intereses; la falta de conocimiento y la total desinformación de lo que sucede realmente en el entorno personal nos sigue manteniendo como esa masa maleable que se mueve al antojo de la ignorancia, el desinterés general y la falta de solidaridad.

Nelson Mandela murió hace apenas unos días y todo mundo lo recuerda como el gran sinónimo de lucha por la libertad, otros, copian y pegan frases o fotos con pensamientos sobre el líder sudafricano, y otros, los más, ni siquiera saben lo que significa la palabra “Apartheid” y cuál fue la relación de éste término con el fallecido, ya no hablemos de la situación que lo mantuvo preso, otros líderes sudamericanos que también lucharon por la libertad y fueron asesinados; lo que siente y piensa el pueblo sudafricano de su líder, la influencia hacia el mundo en el ámbito político y el culto y homenaje que se le rindió en vida y ahora en muerte.

Otro ejemplo: La muerte del actor Paul Walker. Las redes sociales enloquecen y lloran por la muerte violenta de una celebridad estadounidense, difícilmente han visto la mayoría de su filmografía o pueden nombrar cinco películas, pero como su muerte ocurrió con un accidente automovilístico y fue famoso desde hace una década por la serie de películas de autos llamada “rápido y furioso” la cual gustó en México en demasía porque aquí también existen muchos fanáticos de los coches e imitan “tunear” sus carros para que sean más rápidos, veloces y llamativos (a nivel muy “piojito furioso”, claro) pues prácticamente se convierte en una tragedia internacional donde también se repostean fotos con pensamientos, logros  y en la mayoría, datos (inútiles) sobre la vida y obra del actor que la televisión aprovecha y llena de noticias sobre su autopsia y películas que lo catapultaron a la fama (por supuesto, las películas dobladas al español para que el auditorio no se esfuerce en nada, como leer subtítulos).

Ambos temas fueron (o son) las principales tendencias de las redes y ambas muertes, son lamentables: La primera, casi esperada por más de un año por el delicado estado de salud propia de un anciano y la otra sorpresiva o inesperada, pero de verdad: ¿Qué necesitan tener los muertos de México para recibir tal solidaridad, apoyo aunque sea moral e interés por parte de sus mismos compatriotas?; ¿por qué no se lloran las muertes de niños a causa de la pobreza con tal intensidad?; ¿por qué no se interesan por los accidentes automovilísticos que también cobran vidas en su propia ciudad?; ¿por qué es propio de burla que López Obrador termine en el hospital por un pre-infarto independientemente de si estamos de acuerdo o no con él, pero nadie sabe ni dice nada cuándo Alonso Lujambio, un día antes de morir por cáncer, tomó protesta como senador y como resultado de su muerte, su viuda y sus hijos reciben desde hace más de un año, pensiones de entre doce y quince mil dólares?; ¿cómo es posible que nos indignen las muertes de otros países más que las propias?; ¿qué palabras, actitudes o posturas merecen las personas que no se interesan para nada por los verdaderos tópicos de interés del país y hasta aplauden y glorifican la muerte de quién les ha escupido la cara por años como un senador?, ¿en qué momento nos convertimos en un pueblo escupido, meado y pateado que besa la mano de quien le pega y no hace nada para cambiar esa condición?

Y encima de todo, seguimos indiferentes con lo que pasa o con lo que sufre el vecino: Si se le roba, si se le asalta o si se le secuestra, el único dedo que movemos es el que activa la cámara del teléfono para grabar el momento y al narrarlo, nos quejarnos de que nadie hace nada como si el que grabara fuera invisible o impotente para detenerlo o hacer algo. Le tenemos miedo a todo: A perder desde un estilo de vida que no nos deja nada hasta la vida misma de la que no hacemos nada; nos aterra la idea de ser el esclavo que se levanta y rompe la correa y parece ser que anhelamos la permanencia de seguir con actitudes apáticas y sumisas.


Se aprueban reformas que madrean al país, se incrementan impuestos, se sube la gasolina, los insumos, la materia prima, se nos excluye en lo laboral, en la salud, en lo cultural, en la libertad de expresión, nos escupen a diario los políticos de todos los colores cuando se les encuentra que se robaron nuestro dinero, se comprueba con estudios serios que se trabaja demasiado y se paga tan poco y encima estamos convencidos de agradecer por eso y nuestra máxima preocupación es el fútbol, los espectáculos, la moda y el nuevo modelo de teléfono. Hemos vivido con la bota en el cuello por décadas, y si alguien se la intenta quitar, quienes están en las mismas condiciones se burlan y lo tildan de inadaptado y quieren convencerlo de que así tienen que ser las cosas, de que así han sido siempre y que uno es muy pequeño para cambiar algo; entonces ¿a quién le lloras Mexicano?; ¿qué nombre trae pintada la veladora que prendes?; da coraje saber y comprobar que somos un país que no está dispuesto a morir por nada y que la causa de nuestros llantos vienen de afuera, reflexiona y piensa: Si sabes o tienes una idea de qué pasa en realidad, ¿a qué muerto lloras?

miércoles, 16 de octubre de 2013

"Grande Naranjo"

Por ahí leí alguna vez que si quieres saber qué pasa con la política de tu país, solo observes a detalle la caricatura política. Siempre cumpliendo con el objetivo de hacernos reír (sobre todo, de nosotros mismos), la sátira con la que se abordan los temas está tan apegada a la realidad de lo que nos ofrece cualquier noticiero audiovisual por más imparcial y creíble que intente ser y se nos intente vender.

El cartón de la caricatura política, es un filtro a la veracidad de los temas de opinión pública cuyos elementos de crítica son completamente transparentes y que difícilmente caen en la mentira o se venden al “chayotazo”; reflejan el sentir de una nación sobre un tema y nos coloca ante una situación en la que reina el sentido de impotencia como pueblo; principalmente en política o fútbol, asuntos que por desgracia, son los hilos que mueven nuestra vida como masa.

El “monero” se convierte en una especie de Juglar donde su instrumento son su tinta y bolígrafo y sus notas los trazos (o su computadora y sus "renders", ahora que ya es más común que estas habilidades se realicen de forma digital); sus noticias cantadas son sus "monos" y con la misma inteligencia y rapidez mental, escenifica en un guión inteligente, a veces sin incluir siquiera palabra alguna, ese sentimiento de rechazo o de venganza que tiene el pueblo contra su gobernante ante esa situación descarada, cínica o servicial a los ricos y poderosos, los cuales son siempre ajenos a las necesidades y realidades del país y de la gente y ese pequeño recuadro termina siendo lo único creíble de entre todos los trabajos periodísticos de donde cuyos colegas reporteros de prensa escrita, radio o televisión ni se atreven a decir.

A lo largo de las décadas han ido y venido “moneros” y publicaciones, por supuesto sobresalen los que no sólo hacen excelentes guiones para “un simple dibujito” como consideran algunos, sino que son recordados por lo atinado de sus guiones y nos han aclarado en una imagen lo que por meses se puede venir hablando en el panorama de la política o algún otro tema de interés general, incluso internacional; otros han retratado tan detalladamente caras y gestos con tal precisión y gracia que parecieran fotografías y todo, no sólo para que le regresemos la burla sufrida al son de "una de cal por todas las de arena" a los políticos, sino para que hagamos conciencia y que despertemos, he ahí la dificultad de su trabajo: Hacernos reír y hacernos reflexionar, porque también de los que nos presentan las noticias, hay clases.

Uno de los más grandes caricaturistas políticos del que aún gozamos en nuestro país y del que pueda presumir haber estrechado esa mano talentosa y tener atesorado un libro autografiado es el gran Rogelio Naranjo, el mismo que ha retratado en sus trabajos la política por más de 40 años como ha caricaturizado a famosos del espectáculo nacional e internacional.

El siguiente cartón se refiere a junio del año 1982, de la revista política Proceso. Ya son casi 35 años de una imagen que se refiere al ex Presidente José López Portillo, a quién le enfurecía que la prensa, la cual había comprado y controlado por la buena o por la mala, hablara pestes sobre él, sobre sus decisiones, sobre la corrupción en su gobierno y que la línea editorial de la revista de Julio Scherer no se alinearan ante él a su antojo, como todos los demás. Hecho al que le siguiera la decisión tajante de retirar los anuncios y por ende los pagos a la publicación.

En una declaración, al preguntarle sobre las notas que se referían a su persona, dijo una de sus más recordadas líneas: “… no pago para que me peguen” y hoy, a más de tres décadas y pasadas seis administraciones presidenciales, se repite la historia: Es el jodido, el pueblo, el manifestante, el amolado, el despojado, a quien tampoco le (nos) gusta pagar con sus impuestos para que le (nos) peguen.

Éste cartón no ha dejado de tener vigencia a lo largo de todos estos años y parece que hoy sigue tan vivo como el día de su publicación a finales de la gestión del "Perro Jolopo": Es el indígena que ha sido despojado de sus tierras para entregárselas casi regaladas a las mineras y a los ganaderos; es el maestro que lucha para que no le quiten sus derechos magisteriales; el obrero que no paga para que pierda sus derechos laborales; el contribuyente que paga para no tener que pagar más y más impuestos; el reportero con incertidumbre por no saber si será ultimado en el ejercicio de su profesión; el estudiante que exige educación gratuita y de calidad; el egresado que demanda un empleo bien pagado; el conductor que no quiere pasar por baches; el manifestante que no quiere ser desalojado sino escuchado; la madre pobre que no quiere parir en el parque de la clínica que le negó el servicio; el líder social que teme ser desaparecido; la cabeza del ejecutado extrañando al cuerpo; la mujer que pide el alumbrado público en la calle porque siempre tiene que caminar a oscuras; el aterrorizado inocente que no sabe si el retén que lo detuvo es falso; somos todos nosotros representados en el pequeño personaje del cartón que ha sobrevivido a las largas, continuas y al parecer inagotables madrizas que le han y nos han tocado y que reclamamos que ésto pare.


Y como siempre, el político, desinteresado y encabronado porque no aparece representado como solo él se ve en su reflejo narcisista cuyos aplausos y adulaciones de sus paleros lo tienen acostumbrado a que todos lo vean como ese ser todo poderoso del momento y le duele, patalea y hace berrinche por el hecho de haber pagado y malgastado dinero ajeno como si fuera fruto de su esfuerzo en inserciones y aún así, no ser publicado como héroe glorificado.

Cuánta razón tienen los "moneros". Grande Naranjo.